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Entrevista a Jonathan Secanella

Entrevista a Jonathan Secanella

Jonathan Secanella
Jonathan Secanella
Empresa: 
Emos Formación
Cargo: 
Coach / Formador

Entrevista a Jonathan Secanella

Una entrevista de Marta Cabañas

Licenciado en Humanidades, especializado en Inteligencia emocional, productividad personal y marketing en redes sociales, Jonathan Secanella, es un apasionado de la formación, sin dejar de lado una cierta inquietud por el emprendimiento. Formador en habilidades directivas, trabaja como coach y disfruta buscando ideas creativas para adaptar conocimientos a la sociedad y al mundo de la empresa. Para Jonathan separar la vida profesional de la espiritual no es más que un reflejo de la pobreza de ésta última. Las empresas cada vez son más conscientes de la importancia de trabajar la realidad emocional de la organización (individual y colectivamente) –considera Secanella- y el cambio constante es la característica definitoria de la época actual. El trabajador desarrolla su sentido de pertenencia y mejora su motivación cuando existe el empoderamiento y la apertura de información en la organización.

 

M.C- ¿Cómo y dónde empezó tu carrera profesional y qué haces en la actualidad?

J.S.- En cuanto a mi formación académica, empezó todo hace unos quince años cuando decidí preparar la prueba de acceso a la universidad e iniciar los estudios de la licenciatura en Humanidades. En aquella época mis inquietudes profesionales iban dirigidas al mundo de la Historia y la Filosofía. En ese momento no imaginaba que algo más de una década después estaría dedicándome al coaching y a la formación de empresas. Sin embargo, mirando hoy con perspectiva, estoy valorando cada vez más lo que me aportaron esos estudios, especialmente los de Filosofía (tanto los de mi universidad en Castellón como el año de formación en Salamanca). Posteriormente, y después de estar seis años colaborando como asesor de zona en GBU, continué mis estudios con varios postgrados en Desarrollo personal y profesional, Coaching y Comercio y Marketing.

En la actualidad trabajo como coach y formador en habilidades directivas, especializado en Inteligencia emocional, productividad personal (gestión del tiempo) y marketing en redes sociales. Esta formación la imparto desde el marco de mi empresa: EMOS FORMACIÓN. Si bien, me gusta dejar claro que no soy un empresario de vocación sino más bien, mi empresa es el marco que he decidido utilizar para ofrecer mis servicios profesionales. Al acabar mi etapa en GBU y decidir dedicarme a la formación de empresas tenía dos opciones posibles: invertir mis esfuerzos en conseguir trabajo en centros de formación o asesorías que me enviaran a las empresas, o, dedicar ese tiempo y esfuerzo en ir directamente a las empresas, para lo que tendría que crear mi propio centro de formación. Después de valorar los pros y contras opté por la segunda opción.

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M.C-¿Cuáles son los cursos de formación que tienen más afluencia de alumnos en tu empresa y, en general, en una escuela de formadores?

J.S.- Por desgracia la formación aún no está suficientemente valorada en nuestro país. Eso conlleva el que los cursos más solicitados son aquellos que, a consideración de las empresas, tienen una incidencia más directa sobre la cuenta de resultados. O sea, que los más demandados, dentro de la gama que yo ofrezco, son los cursos sobre productividad personal (gestión del tiempo) y marketing en redes sociales. El primero tiene mucha demanda porque es relativamente fácil el medir la mejora de la productividad del trabajador cuando mejora su gestión personal (también ayuda a la mejora del ambiente laboral, así como, al nivel de estrés de los empleados, aunque desafortunadamente no es lo que más se suele valorar desde la gerencia). El segundo –marketing en redes sociales- porque ayuda a la empresa a gestionar sus redes sociales de manera efectiva optimizando también el tiempo y los recursos económicos que emplean en ello.

Cada vez se está valorando más el impacto positivo que tiene en la empresa el trabajar la realidad emocional de la organización (individual y colectivamente), y las empresas que “saborean” esta formación tienden a repetir. Sin embargo esta tendencia se ha frenado bastante a causa de la crisis y de la necesidad inmediata de las empresas de mejorar su nivel de ingresos. En mi opinión, esto último está relacionado con un modo de pensar a corto plazo que no es la mentalidad más adecuada para salir de la situación en la que estamos.

 

M.C.- El término Coaching está muy de moda, pero,…, ¿un experto como tú nos podría dar una definición sencilla y no tan académica de lo que implica hacer y recibir Coaching?

J.S.- Primero me gustaría dejar claro que no soy un “experto”, que es como me has llamado. La expertía en el mundo del coaching la marca la combinación de formación, experiencia y actitud personal. En cuanto a formación tengo la necesaria para ejercer (aunque periódicamente no dejo de formarme), en actitud intento crecer cada día y en experiencia estoy bastante limitado pues llevo cuatro años como profesional pero sólo dedico una pequeña parte de mi tiempo al coaching.

Dicho esto, para mí el coaching es un proceso de desarrollo personal, de cambio personal enfocado en una meta, en el cual estás acompañado por una persona que está formada en cómo ayudarte a desarrollar el propio proceso. El coach es ese profesional que acompaña y el modo de hacerlo es diferente a otros procesos de acompañamiento en mejora personal como podría ser la mentoría en la cual el acompañante es un experto que te dice lo que debes hacer. En el proceso de coaching el coach no es un experto en la meta que quieres conseguir sino en el proceso mismo, por lo cual su “orientación” es muy socrática, a base de preguntas y reflexiones que le lanza al cliente (coachee) para que decida el camino que quiere seguir para conseguir sus metas y tome sus propias decisiones.

En todo este proceso, algunos de los principales obstáculos con los que el coache se va a encontrar es con una serie de dinámicas internas (cognitivas y emocionales) que le pueden entorpecer para el desarrollo sano de su proceso de crecimiento. El coach le ayudará de forma especial a prevenir y abordar esta realidad pues, entre otras cosas, el luchar por conseguir una meta siempre es, como he dicho, un proceso de crecimiento personal.

 

M.C.- En la Facultad de Periodismo siempre han enseñado que la Comunicación es el “cuarto poder”. Y tú, ¿Cómo definirías la importancia de la Comunicación en la empresa? ¿Hasta qué punto los flujos informativos condicionan la optimización de los procesos o la motivación de los trabajadores?

J.S.- La información es clave en el mundo de la organización. Los cambios sociales se suceden cada vez con más rapidez. De hecho, hay autores que hablan de que el “cambio constante” es la característica definitoria de la época que estamos viviendo. Esto afecta lógicamente a las empresas y organizaciones de todo tipo las cuales tienen que aprender a mutar constantemente adaptándose a los cambios de la sociedad y por tanto del mercado.

El único modo de conseguir esto es con un cambio radical en el ADN de la organización. ¿A qué me estoy refiriendo? A lo que se conoce como empoderamiento del trabajador. Cada vez hay menos tiempo de reacción si se quiere estar en la “cresta de la ola”, empresarialmente hablando. Y una empresa que para un cambio en el diseño de producto, en el enfoque de ciertos servicios, en la adaptación de una campaña de marketing, etc., tiene que pasar por un largo proceso de reflexión, y, de reuniones de la alta gerencia, cuando quiera implementar al cambio a nivel organizacional ya estará empezando a quedar obsoleto. Por tanto, es necesario que los trabajadores tengan un mayor acceso a la información relevante de la empresa, y, especialmente, a la que afecta directa o indirectamente a su responsabilidad laboral. Y junto a esto una mayor libertad y flexibilidad para tomar las decisiones que consideren oportunas para la mejora de los procesos ligados a la realidad cambiante del mercado.

Por otra parte, el trabajador cada vez se conforma menos con ser un simple peón que obedece órdenes sin rechistar. El empoderamiento y la apertura de la información en la organización también están ligadas al sentido de pertenencia del trabajador con la organización y, por consiguiente, a la mejora de su sentido de valor en el entorno laboral con la mejora de motivación que va ligada a ello.

 

M.C.- En relación a la motivación de los trabajadores, ¿Qué herramientas de desarrollo personal y profesional se están utilizando últimamente en las empresas? ¿Cuáles consideras más útiles y cuáles son los que deberían desarrollarse más?

J.S.- Más que herramientas yo hablaría de actitudes y de modos diferentes de plantear el trabajo. Como he dicho en la anterior pregunta es fundamental trabajar el empoderamiento del trabajador, mejorar su autonomía en su parcela de responsabilidad laboral así como tener acceso a toda aquella información que le afecte directamente o indirectamente, aunque también cualquier otra a nivel organizacional que le haga sentirse más participe de la organización (¿por qué no hablar abiertamente de ventas, beneficios y pérdidas empresariales, costes, etc.?, ¿por qué no hacer partícipes a todos los trabajadores en los programas de Responsabilidad Social Corporativa, tanto en su diseño como implementación?, etc.). El empoderamiento y el que el trabajador se sienta parte de la organización (aspectos fundamentales para la motivación) también está muy ligado al trabajo por objetivos. Es altamente motivador cuando se da la libertad (junto con la formación necesaria) para que el trabajador se autogestione con el fin de conseguir unos objetivos productivos pactados con la empresa.

Otros temas que son fundamentales para la mejora de la motivación son trabajar el estrés laboral, la gestión de la agenda o la mejora en la comunicación.

Por último, la última tendencia que se empieza a trabajar en relación a la motivación y el buen ambiente laboral en general, es la de la autoestima en la organización. En estos momentos, me alegra poder ser pionero en nuestro país en el trabajo de la autoestima en las organizaciones. Pocas veces una empresa pide directamente una formación sobre autoestima pero sí después de haberles impartido formación sobre temas emocionales en general y abordado la realidad de lo que afecta una mala gestión de la autoestima en la empresa u organización.

 

M.C.- ¿Cuáles son los valores que llevan al éxito profesional en cualquier puesto de trabajo? ¿Crees que en los últimos años ha habido un cambio de valores en la sociedad y en las empresas?

J.S.- Yo hablaría tanto de valores como competencias. De hecho hay muchos importantes. Personalmente creo que de los más estratégicos para el éxito profesional son la excelencia (calidad en el trabajo realizado), la creatividad (para buscar nuevos caminos cuando los actuales se cierran), flexibilidad (para adaptarse constantemente al cambio), la decisión (a veces una acción imperfecta es mejor que la inacción… pero con prudencia) y la integridad (coherencia con uno mismo con los propios principios y valores, los cuales serán como un ancla que nos hará permanecer firmes a nosotros mismos en los momentos de crisis o cambios personales/profesionales).

La lista se podría seguir extendiendo con algunos tan diferentes como la capacidad de visión global o la humildad, pero en principio creo que con los mencionados hasta aquí tendríamos suficiente para ir poniendo en práctica.

 

M.C.- La Biblia, un libro tan demodé para algunos, ¿Qué crees que puede aportarnos en el siglo XXI en cuanto al desarrollo profesional y personal?

J.S.- ¡Uf, muchísimo! Difícil de resumir en una contestación breve en una entrevista como ésta. Bajo mi perspectiva, si tuviera que resumirlo lo más breve posible, diría que está relacionado con el concepto de identidad del ser humano. Hemos sido creados a imagen de un Dios santo, de un Dios de valores, e incluso de un Dios que vive una vida con sentido, o sea, que “tiene un propósito para todo lo que hace” (Proverbios 16:1a), vamos, que no vegeta sin más en “su trabajo”. Es más, al ser humano que acepta la nueva vida que Dios le ofrece sometiendo su ego personal bajo su soberanía, él le da el privilegio de formar parte de una nueva ciudadanía eterna. Esta nueva identidad como ciudadanos de la eternidad tiene como característica principal el ser luz del mismísimo Creador reflejando sus valores en una sociedad que, de común, no suele vivir conforme a estos valores.

Es interesante, conectando con la pregunta anterior, cómo en la actualidad se está poniendo “de moda” en nuestro país el tema del liderazgo en valores, con un énfasis especial en el servicio y la preocupación por el desarrollo personal de los compañeros y trabajadores. No hace más de cinco años, cuando empecé a introducirme en el mundo de las habilidades directivas, descubrí que esta corriente recién estaba empezando en nuestro país bajo una fuerte influencia de autores norteamericanos. Resulta que muchos de estos autores están basando sus propuestas sobre el liderazgo en principios bíblicos (ej. Maxwell, Blanchard, Covey, etc.). Lo curioso es que aquí ni los mismos profesores universitarios o de escuelas de negocios que lo promueven conocen de su fe ni de dónde han tomado estos principios y valores. Como anécdota mencionar que en una ocasión tuve que regalar el libro: “El liderazgo de Jesús” de Blanchard a uno de mis profesores de master porque no me creía al decirle que fuera creyente.

 

M.C.- ¿Cómo maneja el estrés una persona dedicada a la formación del manejo del estrés ajeno?

J.S.- La gestión del estrés es algo sobre lo que estamos aprendiendo continuamente de un modo práctico. La verdad es que me gustaría ser capaz de poner en práctica todos los principios que enseño en mis clases y sobre los que asesoro a otros. Dicho esto, si tuviera que elegir qué es lo más útil para mí, diría dos cosas: primero el intentar vivir conforme a prioridades bien definidas. Esto conlleva, además de pararme de forma periódica a planificar y evaluar mi ritmo de vida, a aprender a establecer “posterioridades”. Para decir “sí” a algunas cosas hay que decir “no” a otras que quizá pueden ser muy atractivas pero que no están dentro del plan personal y profesional que he decidido seguir. Vamos, que hay que asumir que no se puede hacer todo lo que nos gustaría en la vida.

En segundo lugar, es fundamental mi tiempo matutino devocional. Suele ser inversamente proporcional el nivel de estrés que vivo con el tiempo de calidad que doy a mi relación con el Señor y a mi descanso en su presencia (me encanta el Sal. 46:10a: “Estad quietos y conoced que yo soy Dios”). Casi siempre, cuando mi nivel de estrés empieza a elevarse, si me paro a reflexionar tiene que ver con alguno de estos dos principios que no estoy aplicando con excelencia, o los dos juntos.

 

M.C.- Eres formador y al mismo tiempo empresario ¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión? ¿Qué proyectos tienes a corto plazo (3 años) y a largo plazo (5 años en adelante)?

J.S.- Mi pasión principal es la formación y de hecho me considero afortunado de poder estar dedicándome profesionalmente a mi vocación. Esto es lo que más me gusta, sin duda. Por otra parte, la faceta de empresario no es tan vocacional. Como te he dicho anteriormente, el emprender fue una decisión pragmática en cuanto a mi salida laboral. Sin embargo, tengo que decir que en ese proceso de lanzarme a emprender descubrí que tenía una pequeña pasión oculta por el emprendimiento que luego algunas personas cercanas me han confirmado que veían en mí. Si es cierto que puede desgastar un poco la inseguridad que provoca el no saber si el próximo trimestre tendré cursos que facturar, también es cierto que disfruto el estar continuamente observando el mercado, mi servicios y buscando ideas creativas sobre cómo adaptar mis conocimientos a los que la sociedad en general y el mundo de la empresa, en particular, demanda para ir tomando posición. Es un tipo de reto que me motiva.

Sobre los proyectos a largo plazo tengo que decir que no funciono con la misma perspectiva que un empresario normal. Como he dicho no tengo especiales aspiraciones a que la empresa crezca sino más bien a encontrarme cada vez más cómodo en el mercado y con los servicios de formación que ofrezco personalmente. Por tanto, más que proyectos lo que trabajo es por líneas de servicios. En cuanto a esto sí que podría deciros que en estos momentos la línea hacia la que me estoy dirigiendo es hacia emplear cada vez más tiempo en la formación en el área de las emociones, tanto en el ámbito profesional como personal. Para ello he separado el área de la formación en gestión emocional de mi empresa (www.e-emos.com) para darle más fuerza e identidad propia, a la que he llamado: Escuela de las Emociones (www.escueladelasemociones.com). En ella estoy ofreciendo formación en todo tipo de formatos (charlas, cursos, seminarios, asesoría, etc.) sobre temas emocionales tanto en ámbitos personales como en las empresas e incluso en centros educativos. He incluido también un nuevo servicio de asesoría emocional online.

Quizá decir, por último, que en el ámbito de la empresa, estoy trabajando un tema pionero en nuestro país que es el de la autoestima, como ya he dicho. En estos momentos estoy ofreciendo esta formación dentro de un marco más amplio de formación sobre organizaciones emocionalmente inteligentes con mis actuales clientes, pero la idea es que poco a poco la formación en autoestima sea un tema que las empresas lo soliciten “perse”, como una temática con valor en sí misma. Este sería uno de mis mayores retos en estos momentos.

 

M.C.- ¿Crees que existe separación entre lo espiritual y la vida profesional? ¿Qué se puede hacer para subsanar estas diferencias?

J.S.- Sinceramente, creo que no existe. La dualidad entre lo espiritual y la vida profesional la creamos nosotros, pero es ficticia. Somos seres espirituales y la realidad de nuestra vida espiritual se va a reflejar en todos los ámbitos de nuestra vida. En mi opinión cuando creemos detectar que estamos separando nuestra vida espiritual de nuestra vida profesional simplemente lo que está ocurriendo es que nuestra vida (en cualquier ámbito, tanto personal como profesional) está reflejando nuestra pobreza espiritual.

El autoengaño sobre la existencia de esta dualidad suele estar alimentado por la “doble vida” que muchas veces vivimos en el sentido de que dedicamos cierto tiempo e interés a las “actividades eclesiales” pero somos conscientes de que no somos luz de Cristo en nuestro entorno profesional. El considerar la cantidad de tiempo –o incluso la sinceridad con que hacemos las cosas para el Señor- como medidor de riqueza o pobreza espiritual es el gran error que estamos enseñando en muchas iglesias desde generaciones. Quien vive una relación apasionada y de entrega al Señor, quién anda día a día en el Espíritu, reflejará esa realidad allá por donde pase (“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” Mt. 5:14).

© 2015 "Marta Cabañas"
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